sábado, 7 de abril de 2012

Vengo a que me echen lo rayos.Desde medfam

Manuel Vázquez Caruncho
Servicio de Radiología Hospital Lucus Augusti
C/ San Cibrao, s/n
27003 Lugo (España)

Con cierta frecuencia aparecen en la literatura médica artículos sobre el
riesgo de padecer un cáncer tras ser expuestos a radiación diagnóstica.
Berrington de González estimó que, en 2007, habría 29.000 nuevos cánceres
por efecto de la radiación secundaria a la realización de TACs en Estados
Unidos. Esta cifra supondría un 2% de los cánceres diagnosticados en un año
en Estados Unidos.
Si bien la TAC representa un 5% de las exploraciones radiológicos que se
hacen, supone un 60% de toda la radiación médica.
A la hora de tener en cuenta los efectos de la radiación hay que tener en
cuenta que éstos pueden ser estocásticos (sin relación con la dosis
recibida) o dosis-dependiente. La literatura epidemiológica no sugiere que
haya un dintel de dosis por encima del cual el riesgo de cáncer sea mayor y
por debajo del que no haya efectos perjudiciales. Por otra parte, es
importante tener en mente que el efecto de la radiación es acumulativo a lo
largo de la vida y que es mayor cuanto más jóvenes sean los órganos
expuestos a ellas, en especial el tiroides, la mama y las gónadas. Esto nos
lleva a tener en consideración, en primer lugar, a los niños, ya que, en
ellos, se dan tres peculiaridades: 1) una mayor radiosensibilidad de sus
órganos; 2) un mayor tiempo de exposición a la radiación a lo largo de la
vida; y 3) la falta de ajustes en la técnica de estudio con relación al
tamaño del paciente.
El conocimiento que tenemos sobre los efectos de la radiación se basan en
los supervivientes japoneses de la bomba atómica, en grupos expuestos por
razones médicas, en grupos expuestos por razones ocupacionales y en grupos
expuestos por razones ambientales. Estos grupos nos proporcionan datos
acerca del cáncer inducido por la radiación a dosis superiores a los
100 mSv. En medicina hay pocas exploraciones que puedan dar esta dosis en un
corto período de tiempo, básicamente serían exploraciones laboriosas con
fluoroscopia, tales como cateterismos o procedimientos radiológicos
intervencionistas.
El riesgo de cáncer por exposiciones a dosis de 10-100 mSv está muy
controvertido. Nuestras opiniones están basadas en estimaciones y
extrapolaciones de los grupos comentados más arriba. Hay un grupo de opinión
que dice que estas dosis son beneficiosas, lo que se llama hormesis, porque
incrementaría la inmunidad y mataría células con mutaciones genéticas
previas. La corriente de opinión más numerosa es que esto no es así, sea
siguiendo un modelo linear de exposición o no. La mayor parte de
las exploraciones radiológicas están por debajo de los 100 mSv, pero hay que
tener en cuenta un hecho fundamental, que es la repetición de los estudios.
Por ejemplo, una TAC abdomino-pelviana emite una dosis de 20 mSv, en una
fase. Un estudio en dos fases, serían 40 mSv, y en tres 60 msV. Se estima
que un 30% de los pacientes sometidos a TAC tendrán una media de tres
exploraciones por su proceso morboso, lo que supondría 60–180 mSv, dosis que
estaría por encima del dintel de los 100 mSv. Además, si se trata de un
niño, hay que tener en cuenta que, aparte la radiación ambiental, será
expuesto con probabilidad a más exploraciones radiográficas, con el
consiguiente efecto acumulativo.
Se estima que el exceso de riesgo de padecer un cáncer mortal es de un 5%
por cada 1000 mSv. Brenner y cols ha calculado que el riesgo acumulado de
mortalidad por cáncer inducido por la radiación es de 8 muertes por cáncer
por cada 10.000 estudios realizados en niños menores de 15 años.
Berrington de González y cols estimaron que el uso de radiaciones en el
Reino Unido causa el 0,6% del riesgo acumulado de cáncer hasta los 75 años,
lo que supone 700 nuevos casos cada año en ambos sexos.
Es de notar que se habla siempre de cánceres mortales, pero no
hay estudios que tengan en cuenta los cánceres no mortales.
En los hombres, los cánceres radioinducidos más frecuentes son de vejiga,
colon y leucemia. En las mujeres, colon, pulmón y mama.
Las niñas que se irradiaron el tórax por un linfoma tienen un riesgo hasta
10 veces superior al de la población general de padecer un cáncer de mama.
Del mismo modo, las niñas que se irradiaron por seguimiento de una
escoliosis, como se demostró en el famoso estudio de la escoliosis, tuvieron
de adultas un riesgo 5 veces superior al de la población general de padecer
cáncer de mama.
También preocupante es el efecto sobre las gónadas, de modo que
se pueden producir mutaciones que no afectarán a la persona en cuestión,
pero sí a su descendencia.
Habría que disminuir las exploraciones inútiles con TAC y radiología, como
el cribado de cáncer de colon (TAC virtual), el cribado de cardiopatía
isquémica (TAC, coronariografía), los chequeos de salud y las exploraciones
"por si acaso" o porque "así nos quedamos más tranquilos”.
En cuanto a la resonancia magnética, no utiliza radiaciones ionizantes, y no
hay descritos efectos perjudiciales en la salud. Tampoco las
utiliza la ecografía y no sabemos de ningún efecto secundario.


Bibliografía básica

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Journal:Revista Brasileira de Medicina de Família e Comunidade [en

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